¿Has eliminado la tecla ESC de tu empresa?​​

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Leyendo este artículo, en el que explica algunos de los motivos por los que Apple ha ido eliminando, físicamente, algunos “accesorios” de sus dispositivos, como las antiguas disqueteras floppy, el DVD del portátil, o el mini jack de audio del Smartphone…

 

Leo que ha quitado (o mejor dicho ‘transformado’) la tecla “ESC” (Escape) en su MacBook Pro, pasando de ser física a virtual, dentro de una nueva herramienta inteligente llamada “Touch Bar” (barra táctil).

 

Es decir, ha pasado de ser algo físico y ‘fijo’, a ser una tecla intangible con efectos tangibles, que está disponible (de forma inteligente) en función del contexto.

 

De forma que si puede ser de utilidad en un momento dado, aparece y queda disponible.

 

Estos cambios (quizá por deformación profesional), me han llevado a pensar y visualizar que son perfectamente aplicables al significado y uso de 3 intangibles básicos para el ámbito laboral actual: Empatía, Simpatía y Compasión (ESC).

 

Porque la tecla ESC, aunque inicialmente fue creada para que los programadores pudieran introducir caracteres en código ASCII, recuerdo que los usuarios la usábamos a modo de “BOTÓN DE PÁNICO”, tal como dice el artículo mencionado.

 

Y es que aunque también se usaba para contestar “no” a una pregunta, o “salir” de un panel de opciones de forma rápida…

 

Muchos recurríamos a ella con la esperanza de poder “abortar” la escalada de un proceso “conflictivo”, recuperar el control y detener algo que intuíamos podría ir mal.

 

Pero, claro, todo esto lo hacíamos de forma automática, repetitiva, inconsciente, reactiva, fija. Vaya, en “modo pánico” o “fijación”.

 

Hoy sabemos que este tipo de comportamiento, en general, trae más perjuicio que beneficio.

 

Es muchísimo más eficaz y rentable transformar puntos de vista “físicos”, rígidos, cuajados, colapsados o fijos, en perspectivas virtuales, flexibles, contextuales, inteligentes y configurables, respecto a estos 3 intangibles ESC (empatía, simpatía y compasión).

 

De modo que en vez de verlos como aspectos alarmantes, negativos o “de pánico” en la empresa, como si fueran “miedos” de los que huir o escapar, los veamos como “medios” para unir, acercar, colaborar y sumar.

 

Eso sí, tendremos que hacer un uso correcto, inteligente y saludable, de la nueva y “virtualizada” tecla ESC.

 

Para ello, lo primero que tenemos que hacer es aclarar qué son realmente y cuándo son útiles estas funciones, habilidades o competencias (Empatía, Simpatía y Compasión) en la empresa.

 

¡Así que vamos a ello!

 

La simpatía es la habilidad de sentirnos conmovidos por el dolor de los demás (Gilbert, P., 2009).

 

Paradójicamente, solemos hablar de simpatía cuando alguien “nos cae bien”, “cuando nos sentimos a gusto con otra persona”.

 

Sin embargo, etimológicamente, la palabra simpatía está compuesta por el prefijo griego “syn-”, que significa “unión”, y el sufijo –patía, que significa dolencia, padecimiento o sentimiento.

 

Podríamos decir también que simpatía significa “acto de sentir igual que el otro”, pero como el sufijo griego patheîn deriva de la familia etimológica de “padecer”, hablamos de sentimientos no tan agradables.

 

En la empresa este dolor emocional puede provenir, por ejemplo, de estar enfrentándonos a una exigencia o situación para la que no tenemos todas las competencias necesarias.

 

La precaución que debemos tener con la simpatía está en el hecho de que solo incluye componentes emocionales (apenas hay componentes cognitivos o racionales).

 

De forma que si la intensidad emocional es elevada puede llevarnos a comportamientos impulsivos de los que no seamos muy conscientes de sus consecuencias.

 

Una elevada simpatía por un compañero, supervisor, equipo o cliente, puede llevarnos a realizar una conducta de ayuda que sea perjudicial para nosotros mismos, el equipo o la empresa (p.ej., descuidar nuestras tareas, hacer un descuento extra o regalar un servicio no incluido en el acuerdo previo).

 

Eso no significa que no tengamos que practicar la simpatía en la empresa, ya que eso provocaría distanciamiento emocional y dificultaría la ayuda cuando alguien la necesita de verdad (lo cual también podría tener consecuencias no deseadas).

 

Significa que debemos entrenar la consciencia para darnos cuenta del nivel de activación emocional que estamos sintiendo y regularlo si es excesivo, de forma que nos permita pensar.

 

Y aquí aparece la empatíacuando añadimos el componente cognitivo o racional al componente afectivo.

 

Podemos decir que “empatía” es la habilidad de comprender por qué sentimos lo que sentimos y por qué hacemos lo que hacemos (nosotros y los demás).

 

Por ejemplo, si sabemos que un compañero, directivo o cliente está pasándolo mal y se muestra irritable, entendemos por qué y no nos lo tomamos a pecho, de modo que no entramos en discusiones estériles.

 

Para ello, la empatía incluye fortalezas como la curiosidad, mentalidad abierta o deseo de aprender, de conocer y descubrir (Gilbert, P., 2009).

 

Por supuesto, también requiere que estemos en contacto con lo que sentimos nosotros y los demás, ya que esta perspectiva emocional ayuda a comprender mejor.

 

Desarrollar empatía y comprensión, por nuestras propias dificultades, nos ayuda a ser más sensibles, simpáticos y tolerantes con nuestros propios sentimientos y problemas.

 

“En realidad es un complejo proceso psicológico de deducción, en el que la observación de los demás, la memoria, el conocimiento y el razonamiento se combinan para permitir la comprensión de los sentimientos y pensamientos de otras personas” (Moya, L., 2014).

 

Para que haya empatía es importante que la activación del componente emocional se produzca en un espacio de tiempo acotado o de forma breve temporalmente.

 

Es decir, que después de la “simpatía, o fusión emocional” se produzca un espacio o distancia que permita una observación consciente y nos impida quedar atrapados o instalados en la emoción del otro.

 

Ya que esto último sería simpatizar, no empatizar, siendo lo que lleva a decir a algunas personas, por ejemplo, “es que yo empatizo demasiado y me siento fatal”.

 

El entrenamiento y adecuada puesta en práctica de la empatía en la empresa nos va a permitir comprender más y mejor a nuestros compañeros, jefes, equipos y clientes.

 

De esta manera podemos ofrecer ayuda, productos y servicios más adecuados a las necesidades reales, sin perjudicarnos a nosotros mismos, o a la empresa.

 

Y ahora vamos con la compasiónuna habilidad de nivel superior que incluye a la empatía y la simpatía como parte de sus atributos.

 

“La compasión puede definirse como un comportamiento que busca nutrir, cuidar, enseñar, guiar, orientar, calmar, proteger y ofrecer sentimientos de aceptación y pertenencia para beneficiar a otra persona” (Gilbert, P., 2009).

 

Es decir, no tiene nada que ver con el sentimiento de lástima o pena, con el que habitualmente se confunde.

 

La pena o lástima por otra persona incluye una percepción de “asimetría”, incluso puede que algo de “desprecio”, en el sentido de que desde la lástima existe un sentimiento de superioridad, implícito o inconsciente, hacia el otro.

 

Algo que no tiene nada que ver con la compasión, en la que no hay asimetría percibida al considerarnos iguales (como seres humanos que somos) a la otra persona, independientemente del rol que desempeñemos en la empresa.

 

Y eso lo cambia todo, no sé si me explico.

 

Podemos decir, de forma más sencilla, que la compasión es la empatía que va más allá de la comprensión mental y la conexión emocional, llevando a cabo una conducta de ayuda que mejore o alivie la situación o condiciones que impiden a otra persona sentir bienestar.

 

Pero no solo a corto plazo, sino también a medio y largo plazo.

 

Es decir, el comportamiento compasivo puede requerir valentía para hacer cosas que no queremos hacer, como enfrentarnos a algo a pesar de que la ansiedad o los prejuicios nos inciten a evitar una confrontación que sabemos traerá mayores problemas cuanto más tiempo pase.

 

Y esto es perfectamente aplicable en el mundo de la empresa. De hecho muchas empresas están practicando la compasión, sin saberlo o llamarlo así.

 

Aquellas empresas que visualizan el negocio (ganar dinero), como la consecuencia natural y genuina de ayudar a otras personas a aliviar su malestar, a solucionar sus problemas y mejorar sus vidas, en realidad, están siendo compasivas.

 

Lo que pasa es que, habitualmente, asociamos compasión con una conducta altruista o caritativa.

 

Sin embargo, la ayuda realmente compasiva nunca es sumisa ni implica rendirse a los deseos de otra persona. Eso nos dejaría llenos de resentimiento o necesidad de aprobación.

 

Actuar desde el miedo o la debilidad tampoco se considera una conducta compasiva.

 

Y mucho menos actuar desde la superioridad, la manipulación o la única intención del beneficio propio.

 

En fin, para no alargarlo más, termino señalando algunos atributos o fortalezas que incluye la compasión, así como las habilidades a entrenar.

  

Atributos, fortalezas:

  

  • Sensibilidad
  • Simpatía
  • Tolerancia a la angustia
  • Empatía
  • No juzgar
  • Amabilidad

 

Habilidades a desarrollar:

 

  • Dirigir la atención, centrándose en lo provechoso
  • Pensar y razonar de forma provechosa para nosotros y los demás
  • Comportamiento consciente
  • Sentir
  • Visualización

 

Estas habilidades, entrenadas y usadas de forma consciente, inteligente y contextual, no como algo fijo, reactivo o inconsciente, pueden llevara a mayor y mejor nivel de bienestar y satisfacción en las empresas y, por extensión, en sus clientes.

 

Y esto sabemos que tiene impacto positivo en los resultados de negocio, tan lícitos como necesarios para la sostenibilidad de las empresas.

 

¿Y tu empresa, transforma las funciones de “ESC”, o sigue como antaño?

 

*Si quieres saber más sobre cómo llevar estas y otras competencias transversales a la empresa, pulsa aquí 

 

Autor imagen: Alejandro Sánchez

 

Fuentes bibliográficas

 

Gilbert, P. (2009) La mente compasiva. Una nueva forma de enfrentarse a los desafíos vitales. Editorial Eleftheria.

 

Moya, L. (2014) La empatía: Entenderla para entender a los demás. Plataforma Actual.

 

Moya, L. (2016) La empatía en la empresa. Plataforma Actual.

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