¿Cuál es el principal ingrediente humano para lograr una mejora?

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Cualquier persona o empresa (las empresas son personas), cuando está viviendo situaciones que considera problemáticas ante la pregunta de si quiere mejorar, probablemente dirá que sí.

 

A partir de ahí, algunos de lo pasos para llevar a cabo la mejora podrían ser:

 

  • Tomar consciencia de cuál es la situación actual o de partida
  • Decidir y definir a qué estado o situación quiero llegar
  • Definir los comportamientos que quiero cambiar, eliminar e incorporar
  • Actuar

 

Quizá podríamos ayudarnos también de la metodología PDCA (Plan, Do, Check, Act) o ciclo de Deming.

 

 

 

Lo que ocurre es que para llegar a este punto, justo detrás de la toma de consciencia, y antes de plantearme dónde quiero ir, suelen aparecer pensamientos automáticos, a menudo imperceptibles, cruciales para poder planificar la acción y llevarla a cabo con mayor probabilidad de éxito.

 

Estos pensamientos suelen ser:

 

¿Depende realmente de mí?, ¿Va a servir de algo?, ¡Total, para qué!

 

Son pensamientos de desesperanza que aparecen especialmente cuando llevamos una temporada con malos resultados, con problemas, o hacemos una valoración negativa de nuestra vida en general.

 

Y nuestra capacidad de acción va a depender de dónde estamos situando la responsabilidad de la acción en base a la atribución que hacemos de los hechos (locus de control).

 

La atribución es el proceso cognitivo mediante el cual las personas explicamos las causas de las situaciones que experimentamos.

 

De forma que si yo explico mi situación debido a la mala suerte, por ejemplo, o a la mala actitud de los demás, o incluso a mi propia torpeza, estoy desplazando la responsabilidad de la acción fuera de mí porque no considero que sirva de mucho lo que yo haga o deje de hacer.

 

Si además añado pensamientos o creencias de que eso va a seguir siendo así (mi mala suerte, la actitud de los demás, o mi torpeza) y lo generalizo a cualquier aspecto de mi vida (dinero, salud, trabajo, amigos, familia, etc.), estoy propiciando lo que llamamos indefensión aprendida.

 

Porque me voy a atiborrar de emociones y sentimientos desagradables (tristeza, ira, hostilidad, ansiedad, tensión), que me llevan a más pensamientos negativos en una espiral negativa sin fin. 

 

De forma que tanto el pensamiento negativo como la emoción negativa y el sentimiento desagradable recurrente, me va a dejar anclado en el lamento, la queja, la culpa o la desesperanza, y voy a ir poniendo distancia con la posibilidad de mejora.

 

Esto, a pesar de ser evidente, lógico o de sentido común, nos ocurre a menudo de manera inconsciente porque estamos educados en la culpa tóxica (hacia nosotros mismos y los demás), en la desvalorización personal por los errores que cometemos y en el hábito de creer que solo existe una única y perfecta solución a cada problema o situación.

 

Y eso empequeñece, estrecha o emponzoña nuestra capacidad creativa y nuestro repertorio de pensamiento y acción.

 

Por tanto, necesitamos insertar un esfuerzo de observación adicional tras la toma de consciencia inicial para detectar cuál es nuestro estilo explicativo de los hechos.

 

Porque aunque no siempre depende todo de nosotros, sí que somos co-creadores de nuestra propia realidad. Y cambiando nuestro comportamiento podemos influir en los demás y en nuestro entorno próximo.

 

Eso sí, es fundamental persistir con paciencia y tomar descansos, ya que los resultados no tienen por qué ser inmediatos.

 

Porque, si bien es cierto que cuanto más complicada sea nuestra realidad o situación de partida, más puede costar lograr mejorarla, la posibilidad la abrimos o cerramos nosotros internamente.

 

Porque entre la toma de consciencia de la situación de partida y la atribución que hacemos se abre un espacio donde podemos transitar desde la desesperanza o la culpa tóxica a la responsabilidad practica, abriendo un amplio espectro de posibilidades de pensamiento y acción.

 

Este es, para mí, el principal ingrediente humano para poder mejorar:

 

"la atribución que hacemos de los hechos"

 

Por supuesto este cambio de perspectiva lleva entrenamiento y necesitamos invertir horas en nosotros/as mismos/as para observar nuestra propia mente y cuerpo para reflexionar tranquilamente sobre la información que nos envía antes de reaccionar automáticamente.

 

Si este tránsito lo queremos hacer a nivel de grupo, equipo o empresa, es vital que la toma de consciencia y el tránsito de la desesperación inconsciente a la responsabilidad consciente, también se haga en grupo, equipo u organización en su conjunto.

 

Si solo lo hago yo, voy a influir en mi contexto (dependiendo de mi posición de liderazgo, formal o informal), pero el impacto no serán tan significativo como si lo trabajamos todo el equipo en conjunto.

 

En este punto es crucial observar y analizar la comunicación que llevamos a cabo, tanto a nivel interno con nosotros mismos (qué nos contamos y cómo) como a nivel externo, con los demás.

 

Porque es necesario desarrollar una comunicación estratégica (positiva, esperanzadora, retadora, comprensiva, empática, compasiva incluso) para facilitar pensamientos, sentimientos y emociones

adecuados que faciliten la acción positiva, la motivación, la cooperación y el compromiso, por ejemplo.

 

¿Y tú o tu equipo, a qué o quién atribuye los hechos?

 

*Si quieres más información sobre comunicación estratégica para equipos técnicos puedes leer mi propuesta de valor aquí 

 

Fuente imagen cabecera: Google.

Fuente imagen PDCA: Google; https://metodoss.com/metodologia-pdca-ciclo-shewhart-deming/

 

 

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