¿Qué personajes vas a representar en 2018?

Juan Pedro Sánchez - ¿Qué personajes vas a representar en 2018?

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Juan Pedro Sánchez es una Marca que forma parte de AMCES (asociación española de mentoring) y EMCC (asociación europea de mentoring y coaching). 

Lo seres humanos interpretamos varios papeles, roles o personajes en nuestro día a día, a lo largo de nuestra vida.

 

Estos personajes no nos los han dado, sino que los hemos ido “eligiendo” a lo largo de nuestra vida, especialmente en la infancia, según los papeles que interpretaban los actores principales (padres y educadores principalmente).

 

¿Qué papel elegimos y cómo lo hacemos?

 

Inicialmente elegimos el papel que mejor “nos funciona” dentro de la obra que se representa en nuestra familia, en base a nuestros esquemas mentales particulares.

 

Elección que, siendo niño, es básicamente somatosensorial (pura sensación y emoción), pero que si el resto de personajes de la obra acepta, permite que la función pueda representarse a diario aunque sea una comedia (o drama) de lo absurdo.

 

De esta manera, por ejemplo, un actor o actriz (la persona) puede elegir representar de manera inconsciente un personaje sumiso, obediente, complaciente y silencioso, que se queda en el backstage (una esquina, o en su cuarto) hasta que es llamado a escena.

 

O podemos escoger el papel de rebelde, agresivo, exigente, controlador, o inseguro, insatisfecho, perfeccionista, víctima...

 

O el de acumulador de títulos académicos, el de listo de la clase, el "sobrao", don perfecto, el salvador, el mediador, etc.

 

Da igual.

 

En cualquier caso son papeles que interpretamos para sentirnos aplaudidos, queridos o respetados en cada obra, función, escenario y escena del momento, aunque eso no nos satisfaga plenamente y tengamos que repetir la función indefinidamente.

 

Porque estos papeles, cómo no, llevan asociados unos "compromisos" (diálogos, expresiones, gestos, comportamientos, omisiones, emociones, pensamientos, miradas, etc.).

 

Podemos decir que cada personaje lleva cosido un patrón mente-cuerpo, de forma que nos vemos sometidos, de manera inconsciente, al bombardeo constante de pensamientos y sentimientos de aquel personaje que más tiempo representamos al cabo del día.

 

No es nada nuevo. Es algo de lo que ya nos habló el Dr. Eric Berne, en la segunda mitad del siglo XX, con los guiones de vida.

 

Otros lo han llamado “ego” o “piloto automático”, pero no deja de ser un papel asumido de manera inconsciente que vamos repitiendo una y otra vez en cada función, escenario y obra (trabajo, familia, amigos, escuela, eventos...), identificándonos plenamente con él.

 

Pero el problema no es el papel o personaje que interpretamos en sí mismo, sino el grado de salubridad o patología que conlleve el personaje.

 

Ya que puede ser un papel totalmente tóxico o limitante (el niño o niña ignorado) que tuvimos que hacer en su día para poder sobrevivir en la obra que se representaba entonces (en el seno familiar, por ejemplo).

 

Lo que ocurre es que si ese personaje con todo su repertorio de actuación tratamos de representarlo en una obra y escenario diferente, no encaja, es un “sinsentido”, una total incoherencia.

 

Una incoherencia de la que no nos damos cuenta porque hemos automatizado dicho papel, y lo ponemos en escena de forma reactiva, sin pensar.

 

O porque el papel principal que elegimos en la infancia lo hemos hecho extensivo al resto de nuestra vida.

 

Por ejemplo, el papel de niño obediente, sumiso y complaciente, que cree que no debe sobresalir porque "molesta" y necesita siempre permiso para hacer cualquier cosa, puede ser funcional en la obra "la familia perfecta", pero no es útil para la obra "el emprendedor" o para la obra "el líder".

 

O el papel de niño rebelde, agresivo, que necesita imponerse de forma brusca para que le hagan caso, es fantástico para la obra "la familia egoísta", puede ser contraproducente para la obra "liderazgo saludable", o para la obra "trabajo en equipo".

 

Si fuésemos espectadores nos daríamos cuenta rápidamente de que ese actor está representando un papel que no corresponde a esa obra de teatro. Enseguida nos “chirriaría” su actuación por su absurdo comportamiento visto desde fuera.

 

Por eso ocurre que cuando actores y actrices (la consciencia) quedan nublados o superpuestos por el personaje que representan (creencias inconscientes), de tal manera que se creen que son el personaje mismo, tenemos un problema.

 

Un problema que se puede traducir en falta de empatía, falta de iniciativa, afán de control, dependencia, invasión de los límites personales, permisividad, infelicidad, abusos de todo tipo, sumisión, depresión, manipulación, etc.

 

Y es que para que se represente la obra, aunque sea un drama o una tragedia, tiene que haber personajes que estén dispuestos a representarla.

 

Si cualquiera de ellos se tornara consciente y decidiese dejar de hacer un papel tóxico (aunque sea una decisión dura), inmediatamente los demás actores/actrices tendrían que dejar de representar su personaje y tomar otro papel (aunque al principio se resistiesen).

 

Por eso, por ejemplo, insistimos en que hay que denunciar los malos tratos, los abusos, la violencia psicológica, el chantaje emocional, el acoso, etc., en cualquier ámbito, aunque vaya disfrazado de amor o del famoso "lo hago por tu bien".

 

Aunque en realidad, estos papeles dolorosos son necesarios para poder hacer el esfuerzo de reconocer y conectar progresivamente con el actor o actriz que somos (el ser, la consciencia) y dejar de creernos el personaje que representamos.

 

Porque si no fuese doloroso, no nos hartaríamos nunca de identificarnos con el personaje (aun así hay personas que no se cansan de sufrirlo porque les reporta algún tipo de "beneficio").

 

Pero no es fácil, lo reconozco. Aunque es un trabajo de auto-conciencia y auto-conocimiento necesario para poder ser realmente feliz.

 

Por ser difícil y requerir esfuerzo desenmascarar al personaje, nos ponemos a buscar la solución ahí fuera, en otros escenarios, pero la verdad es que son solo autoengaños de felicidad postiza y efímera.

 

Nos decimos "cuando consiga ese trabajo o ese título", "cuando tenga mi empresa", "cuando consiga dinero", "cuando me case", "cuando tenga hijos", "cuando me jubile", etc., tratando de visualizar el escenario donde representar el papel de nuestra vida que nos hará feliz.

 

Cuando, en realidad, nuestro auténtico papel aquí en la vida es realizar el viaje al interior de uno mismo, realizar una “vuelta a casa” o camino de la cabeza al corazón.

 

Es decir, llegar a saber quienes somos en realidad, aprender a querernos, a reconocer nuestro propio talento, desarrollarlo y ponerlo al servicio de los demás y de nosotros mismos.

 

Y de esta forma poder apreciar y ayudar a los demás de forma sana, madura y sostenible.

 

Todo ello desde nuevos o adaptados papeles, más sanos y respetuosos con uno mismo y los demás.

 

Sabiéndonos el actor que da vida al personaje, que lo sostiene durante el tiempo que dura la función, pero que vuelve a casa después de cada función y se despoja de su vestimenta para "solo ser".

 

Es el actor consciente de su personaje, que no se obsesiona con él de ninguna manera. Solo lo viste para poder "inter-actuar" en beneficio (y disfrute) propio y de los demás.

  

Solo “ser” significa, básicamente, nada que lograr, nada que hacer, nadie a quien agradar. Algo que se entrena también a través de la practica diaria de mindfulness.

 

Descubrir al ser, al actor, es sinónimo de paz interior, calma, sosiego y consciencia para poder tomar decisiones desde quienes somos de verdad, y no desde quien un día nos creímos ser.

 

De esta forma dejamos de forzar y defender papeles que no nos corresponden, que nos perjudican, o simplemente que no son necesarios porque ya sabemos quienes somos.

 

¿Y tú, vas a revisar tus personajes este año y conocer al actor que les da vida?

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