¿Es rentable el miedo en la empresa?

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Juan Pedro Sánchez es una Marca que forma parte de AMCES (asociación española de mentoring) y EMCC (asociación europea de mentoring y coaching). 

Cuando hablo de miedo en la empresa me refiero tanto a su uso consciente, intencional y explícito como instrumento coercitivo, como a su existencia cultural implícita o inconsciente.

 

Dependiendo de su intensidad y duración será un miedo saludable (inducirá acción preventiva o correctiva y desaparecerá) o un miedo tóxico (inducirá acción pasivo/agresiva recurrente).

 

Pero antes de seguir creo importante aclarar cuál es la función natural del miedo para cualquier ser humano.

 

La función natural o adaptativa del miedo es la de protegernos de un peligro, bien sea por escape (huir), por mimetización con el entorno (pasar desapercibidos) o por afrontamiento (luchar).

 

Es decir, nos prepara para actuar físicamente tratando de salvar la vida.

 

Lo que ocurre es que es se activa igualmente en contextos donde la vida no corre peligro de manera física, pero sí de manera imaginada (quedarse sin trabajo, no llegar a fin de mes, sentirse excluido del grupo, etc.).

 

Quizá por eso se ha utilizado (y de forma más o menos “rentable”) en empresas cuyo motor de producción principal es el trabajo físico, ya que proporciona más energía física.

 

Y digo “más o menos rentable” porque el miedo percibido como manipulación se puede transformar no solo en resignación o sumisión, sino también en resentimiento, rebeldía y rechazo.

 

Lo cual llevaría a sentir una rabia que, ya sea impulsivamente o bajo una fría planificación, desencadenaría acciones de resarcimiento hacia quién percibimos como agresor o fuente de amenaza.

 

En la empresa se traduciría en hurtar, engañar, sabotear, criticar, y otras conductas hostiles hacia compañeros, subordinados, clientes, jefes...

 

Sin embargo el miedo no solo nos reorganiza a nivel físico (aumento tensión arterial, muscular, niveles de cortisol, respiración, redistribución de la sangre, sequedad en la boca…) sino también a nivel psicológico.

 

Hoy sabemos que produce un estrechamiento o reducción de las funciones mentales superiores (angustia deriva de ‘angosto’ o ‘estrecho’).

 

Por ejemplo, el miedo secuestra la atención y el pensamiento, enfocándolos hacia el principal objetivo: la supervivencia.

 

De esta manera se llega a producir el llamado “efecto túnel”, por el cual todos los sentidos se focalizan básicamente en la fuente de amenaza, y poco más.

 

Con lo cual aspectos como la creatividad, la colaboración, el trabajo en equipo o la empatía quedan fuera de toda posibilidad.

 

Siendo estas cualidades y fortalezas humanas las más necesitadas, hoy en día, en las empresas de servicios (más del 78% solo en España).

 

Y no estamos hablando solo de un miedo intenso o de niveles de hostilidad elevados.

 

Puede ser un miedo mucho más sutil, como el miedo a equivocarse porque hay una cultura de ridiculización o castigo del error (aunque sea subliminal), siendo esto bastante habitual.

 

Hay un experimento muy conocido en psicología social, llamado “el efecto Ash”, que demuestra la influencia de la presión silenciosa del grupo sobre la individualidad de la persona.

 

 

 

Básicamente el experimento consistió en preguntar a cuatro grupos de estudiantes (tres experimentales y uno control) qué línea de la imagen derecha es igual a la imagen de la izquierda.

 

Todos los estudiantes, excepto uno (el sujeto experimental), estaban instruidos para dar una misma respuesta errónea (en el ejemplo de la imagen, la ‘A’).

 

En el grupo control el 99% de las veces se dio una respuesta sin error, frente al 25% del grupo experimental.

 

Es decir, un 75% de los sujetos experimentales mostró sumisión y se unió a la respuesta errónea de la mayoría por miedo al error, a parecer tonto o a ser “señalado”.

 

Y es que somos seres sociales y nos adaptamos a las opiniones de los demás aunque no coincidan con las nuestras (mimetización), si eso significa encajar en el grupo, evitar el rechazo, recriminaciones, etc.

 

No te digo nada si el “miedo ambiente” es una constante en la empresa, ya que la gente irá en “modo supervivencia” desde que entre hasta que salga.

 

Y si eso ocurre, emplearán su energía en “velar por su supervivencia” en vez de enfocarse en poner lo mejor de sí al servicio de la empresa y los clientes.

 

Esto último es precisamente lo que necesita tu empresa para ser competitiva, pero solo ocurrirá cuando las personas se sientan seguras, tranquilas de que su identidad está libre de hostilidades, apoyadas y reconocidas por su responsable directo, por su equipo y por la organización en su conjunto.

 

Y esto último se puede conseguir adquiriendo nuevos conocimientos y conductas apropiadas, tal como hacemos desde la psicología organizacional positiva.

 

¿Nos interesa generar “miedo ambiente”, o un clima de seguridad, salud y bienestar?

 

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