¿Conoces el nivel de "miedo-ambiente" que hay en tu empresa?

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Si nos preguntamos qué nivel de “miedo-ambiente” hay en nuestra organización y sus efectos en el negocio (económicos y sociales), seguramente nos contestaremos que en nuestra empresa no hay miedo-ambiente (si acaso "medio-ambiente" -¿ambiente a medias?-, smile).

 

Sin embargo, esa puede ser nuestra percepción, pero… ¿lo hemos medido?

 

Quizá lo veamos más claro con un ejemplo de contaminación ambiental (ya sea acústica, química, ergonómica, etc.). Podemos no percibir niveles peligrosos pero, si medimos, quizá nos llevemos una sorpresa.

 

Si adoptamos la perspectiva adecuada, dicha sorpresa siempre podrá ser recibida en positivo, ya que si los niveles son bajos o "miedo-bajos", será magnifico saberlo.

 

Y si los niveles son altos o "miedo-altos", también será magnífico saberlo porque así podemos intervenir adecuadamente para solucionarlo.

 

Es crucial saber que el miedo, dependiendo del nivel de miedo-ambiente que tengamos en la empresa, puede resultar muy beneficioso a niveles moderados (como emoción adaptativa de prevención y movilización ante el peligro).

 

O muy perjudicial a niveles elevados (para las personas, los equipos y la organización), ya que muchos miles de euros se irán por el desagüe de la pasividad, del ataque o la defensa permanente (como mecanismos de auto-protección), sin ser conscientes de ello.

 

Debemos tomarnos muy en serio esto porque el miedo es muy subjetivo (salvo que haya un peligro inminente, presente y evidente), de forma que algo que a nosotros nos parece una “tontería” a otra persona le puede parecer un gran problema.

 

No olvidemos que el miedo se activa cuando percibimos una amenaza, ya sea física o psicológica, real o imaginaria.

 

Por ejemplo, entre las personas de una empresa puede existir miedo a:

 

  • Tener relaciones hostiles o conflictivas
  • Ser rechazado/a, excluido/a o ridiculizado/a
  • Fracasar, equivocarse
  • Asumir riesgos
  • Tomar decisiones
  • Perder influencia
  • Perder statu quo
  • Ser etiquetado/a
  • Otras consecuencias consideradas negativas

 

Ante dichas amenazas o peligros una persona experimenta pensamientos y sentimientos subjetivos, como la sensación de impotencia (se paraliza, no sabe qué hacer), la pérdida de confianza, inseguridad, sentimiento de indefensión, etc.

 

Y todo esto acompañado de componentes fisiológicos en función de la intensidad del miedo percibido (aumento frecuencia cardíaca, presión arterial elevada, tensión muscular, inflamación, dolor de estómago, temblores, piel pálida, manos frías, respiración acelerada o superficial…).

 

En cuanto a las conductas, algunos indicios de miedo-ambiente en la empresa, pueden ser:

 

  • Bajo nivel de comunicación formal (no se habla de los propios errores, se obvian los problemas, no se aportan nuevas ideas…)
  • Alto nivel de comunicación informal (chismes y cotilleos de pasillo)
  • Poca iniciativa, baja creatividad o innovación
  • Altos niveles de absentismo, presentismo y rotación
  • Búsqueda de culpables ante fallos o malas noticias
  • Parecer muy ocupados siempre, con prisas y excusas para no detenerse
  • Alta resistencia al cambio
  • Falta de sentido del humor (o un uso habitual defectuoso, hiriente o tóxico)
  • Postergar la toma de decisiones
  • Baja responsabilidad ante fallos o errores
  • Expresión elevada de justificaciones y excusas (es que…, suponía que…)
  • Falsificar o “maquillar” datos para que arrojen buenos resultados

 

Podríamos detectar miedo a diferentes niveles y de diferente naturaleza (p.ej., psicobiológica o psicosocial).

 

Si se produce de manera aislada en unas pocas personas, podría ser un miedo personal por creencias limitantes adquiridas (miedo irracional), por falta de recursos o percepción de falta de recursos, por malas experiencias en otras empresas, etc.

 

Si detectamos miedo-ambiente compartido por equipos, quizá podría existir algún estilo de mando o liderazgo inadecuado (ya sea formal o informal).

 

Si obtenemos niveles altos de miedo-ambiente por departamentos o áreas, podríamos tener subculturas, nichos de poder o “reinos de taifas” no identificados por la alta gerencia (será magnífico saberlo para poder atajarlo).

 

Y si el nivel de miedo-ambiente es elevado a nivel general, entonces, probablemente, puede que arrastremos una cultura de miedo-ambiente corporativo (consciente o inconscientemente).

 

En cualquier caso, tener esta información, fidedigna, nos permitirá planificar e iniciar un proceso de mejora inteligente y rentable para nuestra empresa, si queremos.

 

Pero no hace falta ser un lince para saber que estas conductas derivadas del miedo-ambiente se traducen en falta de expresión del talento, así como un deficiente aprendizaje y desarrollo dentro de la organización.

 

Vamos, lo que venimos llamando deterioro del desempeño, de la productividad, de la efectividad, de la eficiencia, del servicio al cliente, del trabajo en equipo, etc.

 

Pero claro, es lógico y natural que una persona que percibe amenazas en su día a día laboral (sean éstas reales o no), “malpiense”, “malsienta”, “maldiga” y “malhaga” porque su cerebro se focaliza en evitar, huir o pasar desapercibido (protección).

 

Imagínate ahora los costes para la empresa (solo tienes que multiplicar horas perdidas por tu coste-medio hora) si además hay equipos trabajando en las instalaciones del cliente (p.ej., una consultora tecnológica implantando un ERP, un CRM, o desarrollando software durante semanas o meses).

 

Si ese equipo y sus responsables (project manager, team leader, scrum master, etc.), en contacto directo con el cliente, no gestionan adecuadamente su propio miedo-ambiente (y para eso hay que reconocerlo abiertamente), puede ser un auténtico coladero de pérdidas económicas para el proyecto, el cliente y nuestra empresa.

 

Bien porque los técnicos se exceden en generosidad y regalan funcionalidades no incluidas en el contrato (conductas de sumisión), bien porque se quedan cortos en visión diciendo NO al cliente (y de aquella manera) a cualquier cosa que éste plantea (conductas de ataque), demorando la respuesta o, simplemente, ignorando las necesidades de los usuarios (conductas de evitación).

 

En fin, que miles y miles de euros se van por un grifo mal cerrado, llamado "miedo-ambiente", año tras año.

 

¿Y tú, conoces el nivel de miedo-ambiente que hay en tu empresa?

 

*Si te interesa mejorar tu rentabilidad en este sentido, ponte en contacto conmigo pulsando aquí

 

 

Bibliografía

 

Dorado, C. B., & Solarte, M. G. (2016). Efectos del miedo en los trabajadores y la organización. Estudios Gerenciales, 32(138), 60-70.

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