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7 activadores e inhibidores del buen desempeño

En una magnífica clase de Máster con el Dr. en Psicología Organizacional, Juan Sánchez, de la Universidad de Florida, salió un tema que me pareció apasionante. Por un lado, definir qué conductas para el buen desempeño son las que considera una organización alineadas con su estrategia (algo que hacen pocas organizaciones), y qué factores "activadores" es necesario aplicar para facilitar el despliegue de esas conductas, por parte de empleados o colaboradores. Porque no basta con decir "esto es lo que hay que hacer" y confiar en que todo el mundo lo hará, y además bien. Esto obliga al equipo directivo a sentarse a reflexionar y definir qué comportamientos concretos son los que definen el buen desempeño que caracteriza a su organización. Es decir, el comportamiento estratégico no es algo "azaroso" según se levante uno cada día o según el humor, la emoción, el sentimiento o el estado de ánimo que le acompañe al entrar por la puerta de la oficina (algo bastante habitual). Ahora bien, como directivos ¿sobre qué factores podríamos trabajar en nuestra organización, revisando lo que ya hacemos, para poder definir esos "activadores" de conductas alineadas con la estrategia corporativa?.   Algunos de ellos, son: Expectativas sobre el desempeño (¿son realistas?, grado de autonomía que permitimos, ¿tiene consecuencias -positivas o negativas- el desempeño?)Feedback (¿sabe el colaborador si ha desempeñado su trabajo correctamente?, ¿es inmediato, o con retraso?, ¿es suficientemente diagnóstico y útil?)Consecuencias (¿importa el desempeño?, ¿se castiga el buen desempeño?, ¿se premia la ausencia de desempeño?)Apoyo (¿existe?, ¿es técnico, social, ambos?, ¿el estilo del directivo es el adecuado?)Equidad (¿existe?, ¿ofrecemos valor en la misma medida que lo exigimos?)Coherencia (¿hacemos lo que decimos?, ¿tienen consecuencias las incoherencias, o se refuerzan?, ¿Nos acordamos de lo que prometemos?)Gestión emocional (¿existe?, ¿se cuidan los sentimientos particulares y colectivos para potenciar la motivación? ¿Se evita desmotivar de manera proactiva?) En la medida en que reflexionemos sobre estos factores psicosociales, (y otros que cada organización asuma como propios), los concretemos, los comuniquemos adecuadamente a nuestros equipos y los llevemos al día a día, conseguiremos transformarlos en "activadores" del buen desempeño. Cuando estos factores son "dudosos", "caprichosos" o "azarosos", en función del estado de ánimo del responsable del equipo, por ejemplo (o los tenemos bien definidos pero no los aplicamos sistemáticamente), se transforman en "inhibidores" del buen desempeño. Cuya consecuencia suele ser un descenso de la productividad, del rendimiento y en un aumento de conversaciones improductivas delante de la máquina de café. Otros "activadores" potenciadores del buen desempeño son los "incentivos" que refuerzan determinadas conductas exitosas. Los incentivos, bien gestionados, ayudan a sembrar el éxito de los equipos y por extensión, el de la organización. Aunque debemos ser muy cuidadosos al establecer estos incentivos puesto que podrían llevar a conductas disfuncionales. Por ejemplo, premiar sólo el desempeño individual podría corromper el trabajo en equipo, puesto que cada miembro se focalizaría en hacer "lo suyo" olvidándose de ayudar a otros compañeros. Para evitar esto debemos poner incentivos individuales y de equipo o colectivos. Por último, otro importante "activador" o "inhibidor" (según se gestione) del buen desempeño, es la gestión de las métricas de seguimiento. Por ejemplo, usar un CRM para medir la actividad comercial valorando sólo la cantidad de llamadas o visitas a clientes, podría pasar por alto la calidad de las mismas. O usar un control horario, según en qué tipo de organización, podría llevar a unos elevados índices de "presentismo" improductivo. Todo dependerá de cómo se comunique la finalidad de dichos indicadores y después que seamos coherentes con ello.  Si la métrica se convierte en el centro de atención u obsesión por parte de la dirección, los colaboradores terminarán sólo preocupándose de "salir bien en la foto". Es decir, se las ingeniarán como sea para "maquillar" su puntuación sin esforzarse por la calidad del trabajo. Estaremos entonces prostituyendo la verdadera finalidad de estas herramientas, impulsando la cantidad sobre la calidad. Y eso es poco rentable. ¿Y tu organización, es consciente de si activa o inhibe el buen desempeño? Autor imagen: Seemi peltoniemi, en Unsplash.com | CC0 

¡Lo quiero todo y lo quiero ya!

Sí amigo/a lector/a. Lo queremos todo y ya. Es uno de las peores plagas que tenemos en la sociedad occidental actual. Ahora mismo, es posible que ya desees terminar de leer este post porque tienes ansía por descubrir todo lo que cuento en el, o tienes mucha prisa para hacer cualquier otra cosa. Y por supuesto con la ilusión de que eres capaz de simultanear de forma productiva y eficiente varias acciones, tal cual CPU cuántica. Creo que en la raíz de esta plaga está la abundancia con la que tenemos la suerte de vivir y convivir en los países "desarrollados". Abundancia de productos, servicios e información con los que nos inundan a diario los medios de comunicación, ¿o deberíamos decir "miedos de comunicación"? Porque a muchas personas nos genera miedos irracionales estar inundados de mensajes de éxito social rápido, fácil y glamuroso. Miedo a no tener y conseguir todo lo que parece que hay que tener y conseguir para ser feliz, completo y admirado. Vamos, lo que se dice toda una persona de éxito según los cánones sociales. Es más, si no conseguimos todo lo que nos rodea pareceremos fracasados, memos, vacíos. Y no me refiero solo a aspectos materiales o tangibles. También quiero leerme cada día toda la información que existe y aparece publicada sobre los temas que me interesan. También quiero tener miles de seguidores en twitter, facebook, linkedin y demás redes sociales. También quiero recibir cientos de "me gusta" en mis publicaciones porque si no lo consigo significa que la gente no me aprecia, no me acepta o me ignora. Y eso es un golpe bajo a mi autoestima. Quiero todo esto y lo quiero ya. No puedo esperar porque me desespero y veo como los demás tienen todo eso que quiero yo también. Además, cuando veo a alguien que tiene o consigue lo que yo quiero (o sea, todo) lo vivo con resignación y tristeza. Porque creo que entonces soy peor persona, valgo menos. Vivo las ganancias de los demás como pérdidas propias. Vivo éxitos ajenos como fracasos propios. Creo que si otra persona consigue lo que yo quiero ha reducido o anulado las posibilidades de que yo lo consiga. Porque, claro, lo quiero todo y lo quiero ya. No puedo esperar ningún proceso de trabajo, paciencia, perseverancia, errores, caídas, trabajo, paciencia y perseverancia. No puedo perder tanto tiempo. El Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías señala que Europa es el territorio con el consumo medio de ansiolíticos mas alto del mundo. Y dentro de Europa, España es uno de los países donde más se consumen. Y es que otro efecto de tenerlo todo y ya cuando nadamos en la abundancia es una baja tolerancia a la frustración. Nuestra resiliencia se atrofia cuando estamos acostumbrados a tenerlo todo rápido y sin esfuerzo (¡ojo en cómo educamos a nuestros jóvenes!). Cuando vienen mal dadas, vacas flacas, tropiezos y caídas inherentes a la vida de todo ser humano "se nos hace de noche". No vemos la salida fácil y rápida. Pero es que no la hay. Se trata de llevar a cabo un proceso de gestión emocional y racional para ponernos a caminar afrontando las dificultades, con paciencia, perseverancia y reflexión para observar qué hacer diferente o pedir ayuda cuando sea necesario. Esto explicaría que, a pesar de querer proyectar nuestra mejor cara y todo "lo guay" que hacemos y nos ocurre en la vida a modo de hit parade en las redes sociales, sentimos malestar y vacuidad emocional. Pero es que esto que nos ocurre a nivel personal nos lo llevamos al nivel organizacional, porque en la empresa "no somos otra persona" (otra cosa es que tratemos de aparentarlo). Y en las empresas y administraciones públicas también lo queremos todo y ya. Queremos los resultados para ayer, sin discriminar si es viable o no. Y así nos va, claro. Lo quiero vender todo y ya. Lo quiero facturar todo y ya. Lo quiero cobrar todo y ya. Quiero todo lo mejor de mis colaboradores o empleados, y lo quiero ya. Y claro, esto nos pone al borde del abismo de "vender la piel al diablo" y confundir los medios con los fines. Así entramos en la delgada línea roja de poder pisar al vecino, amigo o compañero para empujar la maduración de la fruta antes de tiempo, no con el ánimo de hacer daño (a veces ni si quiera somos conscientes) sino porque nuestro objetivo no nos deja ver a las personas. A menudo nos acordamos de los demás solo para apalancarnos en ellos como acelerador propio (y luego si te he visto no me acuerdo, o te muestro mi sonrisa social y nada más). Nos hacemos expertos en variopintos social makeup, proyectando algo que no somos ni tenemos, con el objetivo de catapultar resultados fulgurantes. Resultados tan rápidos como fugaces, efímeros e insostenibles. Y entre tanto deseo cortoplacista, tanta carrera vertiginosa por conseguirlo todo y ya, olvidamos que la vida es un equilibrio entre el corto y el largo plazo. Olvidamos que nos han engañado. Que no hay éxitos rápidos a corto plazo, sin esfuerzo, planificación, paciencia y perseverancia. Que no hay atajos éticos. Y olvidamos que los negocios rápidos a costa de perjudicar a otras personas no son sostenibles porque tarde o temprano alguno de esos perjudicados "tira de la manta" y sale a la luz lo que hay debajo, y entonces te caes. Seguro que conoces más de un caso en este sentido. Pero no aprendemos. Lo queremos todo y lo queremos ya. Y mientras tanto que nos quiten "lo bailao". Que la vida son cuatro días. Bueno, pues en tus manos queda elegir el camino rápido y fácil (quizá con ansiolíticos de por medio) o lento y laborioso (pero más saludable para ti y tu entorno): Había una vez un sabio que respondía con mucha madurez todas las preguntas que le hacían.Cada persona que se presentaba ante él salía con la respuesta justa a su pregunta. Cierto día un joven celoso de su sabiduría se propuso urdir una trampa; iría al sabio con un pequeño gorrión entre sus manos y le preguntaría si éste estaba vivo o muerto; si el sabio decía que estaba vivo, él apretaría al pájaro con sus manos y al abrirlas éste habría muerto… y el sabio se habría equivocado. Si contestaba que estaba muerto éste lo dejaría volar… y el sabio se habría equivocado.  Se sentía orgulloso. Su plan no podía fallar.Fue así que llegó ante el sabio y expuso su pregunta:- “Gran sabio, dime si éste gorrión que tengo en mis manos está vivo o está muerto” El sabio después de mirar al joven a los ojos le respondió:- “Apreciado joven, la respuesta está en tus manos”. Y es que las personas somos auténticas palancas de éxito, aunque necesitamos preparación, planificación, disciplina, tiempo, paciencia y perseverancia (entre otras fortalezas del carácter) para relanzar nuestra vida de forma sostenible.  ¿A ti también te pasa que lo quieres todo y ya?, ¿qué camino eliges?​

Ética y Valores organizacionales, ¿se respiran o solo se cuentan?

La ética y los valores en tu organización, ¿se respiran o solo se cuentan?

¡Ven aquí, que te formo y te hago coaching!​

Parece que vivimos una especie de inundación o asedio de programas de formación, coaching, inteligencia emocional, liderazgo y desarrollo personal por todas partes. Como si fuese obligatorio y necesario estar todos los días del año pendientes de aprender nuevas formas de pensar, sentir y hacer, cuestionándonos en todo momento si lo estamos haciendo todo lo bien que podríamos hacerlo. ¿Y aquí cuándo se trabaja? (como diría un directivo que conozco). Paradójicamente, esta manía persecutoria de mejora nos puede llevar a vivir más procesos de estrés y sufrir mayor ansiedad. ¿Estoy diciendo que hay que dejar de formarse o dejar de crecer como profesional y persona? Nada más lejos de la realidad. Ahora más que nunca necesitamos seguir aprendiendo durante todo el ciclo vital. Estoy diciendo que es importante desarrollarse como profesional y persona, pero sin agobios, obsesiones u otro tipo de neuras. Hace unos días me decía una persona: "Creo que nos estamos preocupando demasiado por todo, en el sentido de que cualquier cosa que ocurre en nuestra vida personal, familiar o profesional la pretendemos analizar inmediatamente por si puede haber un trauma, trastorno, acoso o carencia detrás". "Además no paramos de leer todo tipo de libros, asistir a charlas y talleres o contratar profesionales para que nos ayuden a ser mejores padres, profesores, directivos o profesionales, buscando más éxito o bienestar en todo lo que hacemos". Y efectivamente, creo que lleva razón. Al menos en parte. Es decir, es muy loable e importante mejorar, crecer y buscar el bienestar y el éxito (entendiendo por éxito el logro de nuestros objetivos). Ahora bien, obsesionarse con mejorar por obligación, por narices, porque es lo que toca o porque lo hace el vecino (o la empresa de al lado), solo sirve para perder el tiempo, el dinero y los nervios. Porque hacer las cosas por obligación, o por puro maquillaje, no tiene efectos positivos en nuestro día a día, ya que vamos a seguir haciendo lo mismo de siempre. Sí creo importante adquirir nuevos recursos o contratar servicios profesionales cuando observemos anomalías que nos impidan desarrollar una vida personal, familiar o profesional con normalidad. Aclarando que algunas situaciones diarias que se aceptan como normales, son poco saludables y muy perjudiciales: Vivir con estrés de día y ansiedad de nocheNo poder conciliar el sueño más allá 3 ó 4 horasTomar ansiolíticos a diario para poder dormirPasar los días en un estado de ánimo triste o "melancólico"Tener un comportamiento agresivo e irascible en el trabajo o en casaVivir un clima laboral tenso con falta de apoyosPasar la mayor parte del día anclado en el reproche, la crítica o la quejaSentir a menudo el impulso de comer "bombas calóricas"... Más interesante aún sería plantearse hacer una inversión de mejora sistemática (anual, por ejemplo) para nuestro crecimiento personal o profesional (o el de la empresa). Pero desde una firme decisión que nace de la consciencia y un corazón sereno. Una profunda determinación de mejorar poco a poco, paso a paso, sin prisas ni agobios. Mejorando una pequeña cosa cada vez, para abordarla sin "destroncarnos" la vida por querer abarcar demasiado de golpe. Esto, paradójicamente, nos permitirá avanzar de forma más rápida, saludable y eficaz que engullendo lecturas, talleres y charlas sin masticar ni digerir, cayendo en una especie de "bulimia (in)formativa". Si además te puedes permitir un proceso de acompañamiento por parte de un profesional que te ayude a consolidar la mejora, "miel sobre hojuelas". ¿Tú también tienes la sensación de tener que mejorar "por narices"? *Fuente imagen. Autor imagen: Viktor Hanacek, a través de imagenesgratis.eu **Si no quieres perderte nuevos contenidos, suscríbete al nuevo blog. Además podrás descargar gratis este flamante ebook.​

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