El 1% de la población mundial es psicópata.

(Así comenzaba mi ponencia en el I Congreso Prevencionar, de Madrid).

 

Eso significa que solo en España hay unos 460.000 psicópatas… y que en el Congreso hay 10 psicópatas inscritos…, estadísticamente hablando.

 

Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Bond (Australia) en colaboración con la Universidad de San Diego (EE.UU.) sugiere que el 20% de los altos ejecutivos, en las organizaciones, son psicópatas.

 

Entendiendo por psicópata no el asesino en serie sino el psicópata socializado, siendo sus características principales la imposibilidad de empatizar emocionalmente (cognitivamente sí puede), y la búsqueda de auto-gratificación a costa de los demás.

 

Si la empresa en la que trabajas (o la de tu cliente) es una de ellas, te voy a dar un sencillo consejo: ¡HUYE!, ya que la psicopatía no tiene solución (al menos conocida).

 

El dato positivo es que aún tenemos un 80% de altos directivos que sí son empáticos, o capaces de serlo.

 

Aquí es donde tenemos trabajo para promocionar la salud psicosocial y poder diseñar, aplicar y mantener planes de diversidad del talento e igualdad de género.

La primera solución pasa por tener más mujeres en altos puestos directivos, ya que está demostrado que tienen mayor capacidad de empatía emocional, que no significa “blandenguería” ni “sensiblería”, sino que son más capaces de contar con las personas, respetando sus necesidades, para conseguir los objetivos organizacionales.​

Por inteligencia empática me refiero a la empatía saludable, siendo ésta la empatía equilibrada, ni mucha ni poca.

 

Si la empatía es deficitaria crea mucha distancia entre las personas, obstaculizando el trabajo en equipo y la colaboración.

 

Si la empatía es excesiva podemos hablar de simpatía (pensar y sentir como el otro), y eso nos podría llevar al síndrome de burnout o estar quemado (especialmente en profesionales cuyo trabajo es cuidar a otras personas).

¿Qué podemos hacer?

La primera solución pasa por tener más mujeres en altos puestos directivos, ya que está demostrado que ellas tienen mayor capacidad de empatía emocional, que no significa “blandenguería” ni “sensiblería”, sino que son más capaces de contar con las personas, respetando sus necesidades, para conseguir los objetivos organizacionales.

 

La segunda solución pasa por establecer planes de acción estratégicos para entrenar la empatía, bien como intervención por sí sola, o integrada en planes más amplios de comunicación interna, liderazgo saludable o fomento de la diversidad del talento.

Se pueden establecer indicadores subjetivos y objetivos, a través de cuestionarios o de los niveles de frecuencia cardiaca.

Si bien, para que estos planes tengan éxito, es necesario la implicación y apoyo de los equipos directivos incorporando estos instrumentos como parte de la estrategia empresarial.

 

Para ello es fundamental la “gestión del ego”, tanto por defecto ("pocoyó") como por exceso ("muchoyó"), así como una humildad consciente para decidir ponerse en “modo aprendizaje” constantemente.

 

¿Y tú empresa, tiene inteligencia empática?

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