¿Tú también intentas "formatear" la realidad?

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Houston, tenemos un problema.

 

Hemos aprendido, casi de forma implícita, que lo que vemos cuando miramos y lo que escuchamos cuando oímos, sucede y suena de forma totalmente objetiva ahí fuera, tal cual aparece en nuestra mente.

 

Y que, por tanto, si lo percibimos como positivo o agradable es que está ocurriendo o sonando algo bueno de manera objetiva, siendo malo de manera también objetiva si lo percibimos como negativo o desagradable.

 

Y así catalogamos todo lo que nos rodea, y a todos los que nos rodean, de manera automática e inconsciente.

 

Aquí quiero hacer una matización para evitar malentendidos.

 

No me estoy refiriendo a sucesos extremos o dramáticos (que sería objeto de otra revisión), sino a situaciones cotidianas inherentes a la actividad de cualquier ser humano en su ámbito personal y profesional, como tú o como yo.

 

Desde mancharte la ropa mientras desayunas, llevar al colegio a tus hijos, esperar el autobús, verte en un atasco de tráfico, tratar de llegar puntual al trabajo, en una conversación con clientes o compañeros, una llamada telefónica, leer un email, impartir o recibir formación, esperar en la cola del supermercado, etc.

 

Por tanto, tiene mucho sentido que cuando nos pregunten cómo nos va -y sin preguntarnos-, (nos) digamos cosas como “ahí andamos, luchando”, “estoy rodeado de imbéciles”, “llevo una temporada buena, tocaré madera”, “me tocan todos los singermornings”, “todo lo tengo que hacer yo”, “el universo conspira contra mí”, etc.

 

Pero hay una trampa en todo esto.

 

Y es que está sobradamente demostrado que lo que hacemos en realidad es intentar “formatear” todo lo que ocurre y suena ahí fuera, antes y después de que ocurra y/o suene.

 

Lo hacemos a través de las expectativas que tenemos sobre lo que "debería" ocurrir o sonar en cada momento. 

 

Lo hacemos también tratando de confirmar nuestro “formato mental”, creencias, mentalidad o mindset (en inglés suena todo como más importante, ¿verdad?) de la imagen que tenemos de nosotros, de los demás y de la vida.

 

Recordemos que “formato” se refiere a la forma, tamaño y modo de presentación de una cosa.

 

En el sector TIC, “formatear”, quiere decir “organizar un disco u otro soporte de acuerdo a un formato determinado de sectores, pistas, etc.”.

 

¿Y qué moldes o formatos tratamos de aplicar “a todo lo que se menea”?

 

Los que nos han transmitido primero a nosotros (padres, madres, tutores, educadores y demás personas que consideremos “una autoridad”) a través de su comportamiento.

 

También hemos generado nuestros propios formatos mentales a través de experiencias propias.

 

Y también ha quedado demostrado que podemos heredar formatos mentales de nuestros padres y abuelos a través de sus genes, por la acción de la epigenética.

 

¿Qué podemos hacer para mejorar o cambiar esto?

 

¿O es lo que hay y debemos resignarnos a vivir en permanente lucha o conflicto con lo que "vemos" y "escuchamos", con la esperanza de “tener suerte en la vida”?

 

Partiendo de la base de que es una ilusión tratar de controlar todas las variables que afectan nuestra vida, afortunadamente sí podemos hacer mejoras importantes.

 

Así que si no nos gusta la realidad que nos rodea, como no podemos evitar proyectar nuestros formatos mentales, lo que sí podemos hacer es reflexionar sobre lo que percibimos y flexibilizar algunos esquemas mentales que "dan forma" a nuestra realidad.

 

Algunas recomendaciones para empezar a generar nuevos moldes o formatos mentales, pasan por tener meridianamente claro que:

 

  • Lo que ocurre y suena fuera de nosotros constituye un estímulo para nosotros, no una realidad objetiva (la prueba es que varias personas pueden ver y oír algo diferente respecto a un mismo estímulo).
  • No podemos controlar todo lo que ocurre y suena fuera de nosotros, por mucho que queramos o lo intentemos.
  • No podemos hacer que los demás quieran cambiar lo que hacen y dicen de la forma en que nosotros queremos (al menos de forma sostenible y natural).
  • Podemos cambiar nuestra percepción de lo que ocurre y suena, si somos conscientes que lo que hacemos todo el rato son construcciones mentales en base a filtros propios.
  • Podemos cambiar el discurso mental o autodiálogo que mantenemos con nosotros mismos.

 

Además hay 4 "renuncias" claves que es muy recomendable que empecemos a practicar desde ya.

 

 

Te invito a RENUNCIAR A:

 

  • Cambiar a los demás (es compatible con tener normas básicas de convivencia)
  • Buscar culpables (es compatible con aprender de los errores y poner límites)
  • Juzgar o "diagnosticar" a los demás (es compatible con decir qué me gusta, qué no y poner límites)
  • Interferir en los demás (p.ej., sobreproteger o evitar que vivan experiencias propias).

 

Con la práctica, de forma progresiva, notaremos mayor “energía vital” y mayor estabilidad emocional, independientemente de lo que vaya ocurriendo o sonando ahí fuera.

 

Eso no significa que no tengamos días “malos”, ni que podamos sentir tristeza, rabia o ansiedad en algún momento (cuando son biológicas o funcionales nos ayudan mucho a transitar la vida).

 

Pero implica que podamos detectar cuándo tenemos emociones disfuncionales o desproporcionadas, y volver al equilibrio mental conscientemente.

 

Y eso, paradójicamente, hace que lo que ocurre y suena ahí fuera esté cada vez más alineado con nuestros objetivos y metas.

 

Es decir, no solo vamos a mejorar nuestro bienestar físico, mental y emocional, sino que vamos a lograr más y mejores resultados.

 

Pero no me creas, pruébalo durante una temporada.

 

Esta, vamos a llamar, “re-modelación” mental, empieza por conocer y entrenar lo que a mí me gusta definir como “Comunicación Estratégica”.

 

Es estratégica porque busca un objetivo, una mejora, un resultado.

 

Y es imprescindible empezar a usarla con uno mismo para poder usarla de forma correcta y eficaz con los demás (es la forma más eficaz de implementar cambios duraderos).

 

En realidad, lo que todos buscamos es satisfacer determinadas necesidades básicas de supervivencia.

 

Éstas van desde lo físico (dinero, seguridad, espacio, autonomía…), pasando por lo afectivo (respeto, confianza, inclusión, conexión…) y lo mental (comprensión, aprendizaje, superación, coherencia, claridad…) hasta lo trascendental (significado, unidad, contribución…).

 

Se ha demostrado que cuando nos comunicamos desde el conflicto (queja, recriminación, juicio, “diagnóstico” de cómo es el otro, etc.), en realidad estamos proyectando algunas de estas necesidades que no tenemos satisfechas (maquilladas o camufladas, eso sí).

 

Por tanto, la comunicación estratégica consiste en aprender a escuchar o leer “entre líneas”, para reconocer la verdadera necesidad que estamos tratando de satisfacer, no confundiéndola con un deseo (que en realidad sería como un calmante o atenuante temporal del síntoma).

 

Primero aprendemos a escucharnos nosotros mismos, y después a los demás.

 

Porque ahora somos conscientes de que la información que aparece en la mente habla más del propietario/a de la mente que de lo que ocurre a su alrededor.

 

Estos, entre otros recurso básicos y complementarios, son los que acompaño a adquirir a equipos técnicos y directivos en las empresas.

 

¿y tú, sigues intentando formatear “la realidad”? ¿Lo consigues?

 

Fuente imagen: Adobe Stock

 

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