Ética y Valores organizacionales, ¿se respiran o solo se cuentan?

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Juan Pedro Sánchez es una Marca que forma parte de AMCES (asociación española de mentoring) y EMCC (asociación europea de mentoring y coaching). 

Escuchando a la Dra. Begoña Román, hablando sobre RSC, se me aclaró la diferencia entre ética y moral.

 

La ética es, digamos, la parte teórica, racional y reflexiva de la moralidad.

 

La moral está más relacionada con la práctica, la conducta, con lo que hace la empresa en su día a día.

 

"La ética es pensada y la moral es vivida" 

J.L. López-Aranguren.

 

También explicó la diferencia entre virtudes y valores. Siendo en este caso la parte teórica o reflexiva los valores, y la parte práctica las virtudes.

 

Pues bien, si además tenemos meridianamente claro que es muchísimo más fácil hablar o decir, que hacer y llevar a la práctica, entendemos perfectamente dónde está la diferencia entre empresas (o personas, que es lo mismo).

 

La verdadera diferencia entre unas empresas y otras no es su producto, servicio o tecnología, sino la alineación entre lo que dice y hace.

 

La alineación entre su ética y su moral, entre sus valores y sus virtudes.

 

Cuando existe esta alineación se espolea la empresa hacia la excelencia (de servicio, de resultados, de relaciones con la sociedad).

 

Cuando existe una alienación entre estos conceptos, se espolea la empresa hacia la supervivencia (sálvese el que pueda, desconfianza, "cubrir los mínimos").

 

Es decir, ¿cómo "encarna" mi empresa la ética y los valores que difunde en su web, Intranet, redes sociales, discursos y conferencias?

 

O dicho de otra manera, ¿la moral y los valores "se respiran en el aire" o solo "se leen en las paredes"?

Porque de esta diferencia (o equivalencia) mi empresa vivirá una realidad u otra, disfrutando coherentemente o sufriendo esquizofrenia organizacional.

 

Y no vale decir "es que el objetivo de una empresa es ganar dinero", porque hoy sabemos empíricamente que es perfectamente compatible ganar dinero, ser coherente con los valores corporativos y cuidar la salud física y psicosocial de las personas.

 

Porque querer ahorrar costes a costa de los demás termina costando caro (y si no lo has comprobado es que no has vivido todavía lo suficiente).

 

Una vez tenemos alineados valores y virtudes, definiendo conductas o competencias que representan nuestros valores para llevar al día a día, el siguiente paso es preguntar a las personas (colaboradores, clientes, proveedores) si quieren ser, estar y hacer con nosotros.

 

Estamos hablando nada más, y nada menos, de permitir que florezca el talento (aptitud, inteligencias) y el talante (actitud, fortalezas) de las personas que hacen realidad la empresa cada día.

 

Muchos no nos dirán la verdad porque solo querrán trabajar por dinero, sin importar lo más mínimo nuestro proyecto, virtud y moral.

 

Cuidado con las "fidelizaciones patológicas", porque tener a personas junto a nosotros, durante años, que no viven nuestros valores será un obstáculo para la excelencia.

 

Y es que las personas podemos fidelizar lo bueno y lo malo. Somos capaces de establecer vínculos patológicos (más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer).

 

En la empresa (y en la vida) nos interesan vínculos reales o saludables (me podría marchar y ganar más dinero, pero no me marcho porque estoy alineado con el proyecto, virtud y moral de la empresa).

 

Es lo que llamamos lealtad o compromiso a nivel intelectual, afectivo y conductual.

 

Pero es tan fácil "perder el oremus" en el día a día y poner excusas del tipo "no tengo tiempo de estas cosas", "el corto plazo se me come", "tengo que hacerlo yo todo", etc.

 

Esta desconexión entre pensar y vivir, o decir y hacer nos lleva a la "esclerotización" o "acartonamiento" de valores y ética, y por extensión, de la empresa.

 

La clave está en tomar perspectiva y ver también el bosque, además de los árboles. Así podemos escribir en nuestra agenda no solo lo urgente sino también lo importante.

 

No olvidemos que quien no tiene agenda no tiene agencia (del latín "agentia", cualidad del que hace).

Y quien no tiene agencia no tiene competencia.

 

¿Dónde está tu empresa, en la moral y las virtudes, o solo en la ética y los valores?​

 

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