¿Y si dejamos de luchar tanto y nos adaptamos más?

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“¿Cómo vas? -Mira, aquí, peleando, lo que toca ”.

 

"¿Qué tal te va? -Pues luchando, no me queda otra si quiero sobrevivir".

 

El otro día, Pablo Motos, en el programa "El Hormiguero" daba este consejo: "Sigue luchando, sigue luchando, sigue luchando".

 

Y tenemos más expresiones: "tirar del carro", "al pie del cañón", "batallando", "esto es la guerra", etc. 

 

¡Uf! Cómo me quita energía escuchar estas expresiones. No sé si a ti también.

 

Y que conste que yo mismo hablaba así hasta hace poco.

 

A ver, entiendo que lo decimos con buena intención, en el sentido de perseverar y no "tirar la toalla" (fíjate que esta expresión viene del boxeo) ante la adversidad.

 

Pero esta forma de hablar también es un hábito muy común y poco reflexionado.

 

En cualquier caso, es importante saber que el lenguaje que usamos afecta a nuestra mente y cuerpo, tanto de forma positiva como negativa.

 

En este sentido, te animo a leer "La ciencia del lenguaje positivo" , de Luis Castellanos.

 

Porque las palabras conllevan energía con la que terminamos fusionándonos.

 

Pero también me he dado cuenta que, además de quitarme energía y generarme malestar esta forma de hablar, en realidad la vida no va tanto de luchar o pelear como me había creído hasta hace poco.

 

Estoy convencido, y así lo que experimentó, que la vida consiste más bien en lo que es una realidad cambiante, de forma fluida y con el menor rozamiento posible.

 

Es decir, la inteligencia estriba en dar una respuesta lo más adaptativa posible a lo que está sucediendo.

 

No sé si me explico bien.

 

Este "podría" no significa cruzarse de brazos o no intentar mejorar (eso podría resignarse).

 

Pero tampoco significa reaccionar o responder de manera repetitiva o automática, sin valorar si la situación permite alternativas o posibilidades varias.

 

Para mí, la adaptación tiene dos acciones claramente diferenciadas:

 

  •     Aceptar la situación (aflojando la rigidez mental a través del lenguaje)
  •     Responder de manera consciente (con los recursos que están a nuestro alcance)

 

Es decir, lo que está ocurriendo o acaba de ocurrir, está ocurriendo o acaba de ocurrir.

 

Por mucho que nos quejemos, lo neguemos, o digamos! No puede ser!, Ya es.

 

Si acaso empeorará como intentemos forzar, empujar, estirar u obstaculizar.

 

Creo que la vida más saludable, y eficaz, consiste en responder a lo que ocurre, no en reaccionar.

 

La "acción" se produce de forma impulsiva, automática, inconsciente y repetitiva (como su nombre indica).

 

Fíjate que, exactamente, la reacción está muy alineada con la lucha, porque, al ser una acción impulsiva, inconsciente o automática, es un intento de proteger atacando a todo lo que está fuera (cosas, situaciones y personas), creyendo que es la única causa de nuestro malestar.

 

En realidad es una reacción muy primitiva (de nuestro cerebro de reptil), que hace una evaluación rápida y automática de todo lo que percibe, en forma binaria:

  

  1.     Creo que es un depredador (huida)
  2.     Creo que es una presa (ataque)

 

Afortunadamente, además del cerebro de reptil, disponemos de una capa más moderna, el neocortex, que nos permite pensar con cierta claridad ( y muchos sesgos ), poniendo mayor atención y conciencia.

 

De esta manera, una respuesta adaptativa puede producir también de forma voluntaria, consciente, variando según el momento y circunstancias.

 

Si la situación que tengo delante me permite pensar, sentir con calma y actuar conscientemente, será una mejor respuesta adaptativa e inteligente.

 

Y si la situación que tengo delante pone en peligro tu vida de manera evidente, "no te preocupes", nuestro cerebro de reptil entrará en acción ipso facto para protegernos (huída, ataque, defensa o "mimetización").

 

El problema aparece cuando emitimos esta última respuesta reactiva, de supervivencia, constantemente, sin valorar conscientemente otras posibilidades.

 

Es decir, que en "modo de lucha" es más probable que demos una respuesta poco adecuada, o desproporcionada, a la situación que estamos viviendo.

 

Y no se trata de auto-engañarnos, sino de auto-ayudarnos de forma consciente.

 

Auto-ayudarnos a pensar y sentir con mayor claridad, pero limitando la intensidad y duración de las emociones (rabia, miedo, tristeza, alegría, asco social o desprecio).

 

Y date cuenta que no digo reprimir ni evitar, sino atender nuestro estado emocional para escuchar el mensaje, usarlo de manera inteligente, pero impidiendo que nos separemos y sabotee. No sé si me explico.

 

Porque pelear, luchar, resistir, reaccionar, etc., en una situación que no pone en peligro nuestra vida de manera inminente, no hace referencia a “ser realistas” sino a ser rígidos, miopes, impacientes, evitativos, reactivos, huidizos, escapistas .

 

Y esto sí que es ser "poco realista".

 

Aceptar, observar y escuchar tanto pensamientos como emociones, para responder, y considerar, no hacen referencia a "ser poco realistas", sino a ser flexibles, visionarios, pacientes, afrontativos, sabios, resolutivos, perseverantes.

 

Todos sabemos que una gota de agua que se adapta al terreno es capaz, con el tiempo, de agujerear una roca.

 

La rigidez de comportamiento reside en la rigidez mental, que es tener ideas fijas, condicionadas, rígidas, petrificadas, o incluso fosilizadas. En cualquier caso hace referencia a cerrazón.

 

El comportamiento flexible comienza en la flexibilidad mental, que hace referencia a crecimiento, apertura, posibilidad, adaptación.

 

Y con todo esto no me refiero a responder a grandes eventos (como el COVID-19 que nos acecha), que también, si no a las pequeñas cosas del día al día que, pasando desapercibidas, nos consumen poco a poco.

 

Por ejemplo, un cliente "pesao" que llama a todas las horas, un compañero que no contesta los correos o que no participa en las reuniones, un gerente que no se fía de un empleado y la llama a todas horas, etc.

 

Aquí aplicaríamos los 2 pasos que comentaba más arriba (aceptar y responder).

 

De esta manera, antes de reaccionar impulsivamente, vamos a poder observar con mayor claridad lo que pensamos y sentimos, viendo si es producto de un condicionamiento del pasado (hábito adquirido) que nos impide una respuesta más inteligente.

 

Puede que la otra persona tenga un problema que desconocemos, o miedo (también por alguna experiencia previa que le condicionó), etc.

 

Y sobre todo, cuidemos lo que nos contamos (nuestro storytelling particular). A partir de ahí, solo podemos mejorar.

 

Esta es mi labor y misión: ayudar a empresas (especialmente del sector TIC) y profesionales, a cambiar su narrativa interior y exterior.

 

Trabajo con equipos técnicos, directivos y mandos intermedios, para ayudarles a ser conscientes de su storytelling particular, acompañarles hacia una mejora progresiva del mismo y comprobar cómo mejoran los indicadores de resultado elegidos.

 

Pero no me creas, equilibra tu narrativa particular y me cuentas qué ocurre.

 

¿Seguimos luchando tanto, o empezamos a adaptarnos más?

 

Fuente imagen: Adobe Stock 

 

Referencias

 

Loftus, EF y Palmer, JC (1974). Reconstrucción de la destrucción del automóvil: un ejemplo de la interacción entre el lenguaje y la memoria. Revista de aprendizaje verbal y comportamiento verbal  ,  13  (5), 585-589.

 

Mehl, MR, Raison, CL, Pace, TW, Arévalo, JM y Cole, SW (2017). Indicadores del lenguaje natural de la regulación diferencial de genes en el sistema inmune humano. Actas de la Academia Nacional de Ciencias114 (47), 12554-12559.

 

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