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¿Quién opera entre pulsar la tecla imprimir y el papel que sale por la impresora?

 

¿Y entre una situación en tu día a a día y tu respuesta?

 

Todos y cada uno de nosotros, desde la infancia, realizamos un aprendizaje inconsciente o automático, ya sea por condicionamiento clásico, operante, o vicario, que va conformando una especie de sistema operativo mental, o mindset, en nosotros.

 

Este sistema operativo mental funciona, salvando las distancias, de manera similar al sistema operativo de un ordenador.

 

El sistema operativo de un ordenador tiene 3 grandes funciones:

  

  • Actuar de interfaz entre el firmware de la circuitería interna (CPU, RAM, SSD, BATERÍA, etc.) y el exterior (usuarios, APPs y demás periféricos).
  • Interpretar y gestionar la información de entrada y salida.
  • Gestionar de la mejor forma posible los errores y problemas que ocurran durante la actividad para que no interfieran en el funcionamiento (o lo hagan lo menos posible).

 

 

Estas grandes funciones se corresponderían con nuestro sistema operativo mental, salvando las distancias, de esta manera:

 

  • Actuar de interfaz entre el firmware biológico interno (genes, células, tejidos, órganos, sistemas) y el exterior (personas, situaciones, estudios o conocimientos que vamos "instalando" / adquiriendo, etc.).
  • Interpretar y gestionar la información de entrada (estímulos) y salida (respuesta).
  • Gestionar de la mejor forma posible los errores y problemas que ocurran durante la actividad diaria para que no interfieran en el funcionamiento (o lo hagan lo menos posible)

 

Es decir, es una especie de software mediador que opera a bajo nivel, de manera “silenciosa”, que pasa desapercibido a primera vista y está íntimamente ligado con el hardware (circuitería o genética individual).

 

Por ejemplo, a ojos de un neófito en informática, un texto que va saliendo por pantalla conforme se teclea, o una hoja que sale impresa tras pulsar con el ratón en el botón “imprimir”, tiene una conexión “directa” (acción-reacción, causa-efecto).

 

Sin embargo, esto no ocurre así (de hecho, a menudo, no ocurre todo tal cual esperamos en base a este supuesto -p.ej., el cursor se queda ‘dando vueltas’, la impresora no imprime, el mensaje no se envía, etc.-).

 

Entre la pulsación de cada tecla en la redacción de un texto o el botón que dice “imprimir”, y la respuesta (la visualización o la impresión), está la mediación del sistema operativo -y la de la APP correspondiente, pero no quiero liarlo mas aquí-.

 

Además, en función del tipo de sistema operativo (Windows, macOS, Android, iOS, etc.) y de su versión (actualización), tendremos unas funciones con mayor alcance o más limitadas, más rígidas o más flexibles, una gestión del error más eficaz o menos, etc.

 

De manera que, dependiendo del sistema operativo que tengamos, se verá influida la interacción con los usuarios (personas), periféricos (situaciones) y APPs de escritorio o móviles (conocimiento intelectual, en el caso humano). 

 

Es decir, el sistema operativo constituye el framework, entorno de trabajo, marco o contenedor conceptual donde se pueden desarrollan distintas experiencias con aplicaciones (APPs) o experiencias de vida.

 

Por tanto, es fundamental averiguar y conocer lo mejor posible qué tipo de sistema operativo tenemos instalado cada uno de nosotros, para optimizar su funcionamiento o actualizarlo si queremos mayor eficacia y eficiencia en su cometido.

 

La otra opción es quejarnos de lo que sale (o no sale) por la impresora o la pantalla, criticar lo que hacen o dicen los usuarios (los demás), o alardear de tener las mejores APPs instaladas (carreras, posgrados, doctorados, etc.).

 

A partir de aquí, cuanto mayor conocimiento tengamos de las peculiaridades de nuestro propio sistema operativo (informático y mental), mejor comprenderemos los resultados que estamos visualizando (en la pantalla de nuestro ordenador o de nuestra vida profesional y personal).

 

Y si no nos gusta cómo modula o media entre la información de entrada y salida, podemos intentar instalar actualizaciones (con un poco de trabajo) o cambiar de sistema operativo (una tarea mucho más compleja).

 

Si no sabemos hacerlo solo/a podemos pedir ayuda a otros profesionales pero, inevitablemente, tendremos que realizar un trabajo de (auto) conocimiento para poder comprender los efectos que se van produciendo. No sé si me explico.

 

Por ejemplo, en el caso humano, un resultado que no nos llega, una crítica o un reproche que nos hacen, un email que esperamos y no recibimos, una queja de un cliente, una discusión, un comentario en redes sociales, etc., podemos modularlos con nuestro sistema operativo mental (mindset) para que los efectos sean diferentes.

 

Y esto también ocurre, naturalmente, en empresas del sector tecnológico (donde he desarrollado mi carrera profesional durante 25 años, hasta que me reinventé como psicólogo organizacional).

 

Es decir, podemos ser unos técnicos muy competentes en el dominio de un sistema operativo informático o cualquier otro software, y no conocer apenas el sistema operativo biológico (mindset) que llevamos instalados.

 

Lo cual nos deja en una posición inferior al técnico que conoce ambos sistemas operativos.

 

¿Te imaginas una empresa tecnológica con equipos enteros dominando ambas tecnologías?

 

¿Qué nivel de competencia tendría? ¡Sería imparable!

 

Pues esta es mi propuesta de valor para las empresas del sector TIC, ayudar sus expertos (técnicos, Team leaders, Project managers, CTOs, CIOs, etc.), a poner en valor su trabajo, dando brillo a sus competencias técnicas con el conocimiento, y dominio práctico, de su propio sistema operativo biológico (hibridación de competencias).

 

¿Para qué?

 

Pues, por ejemplo, para optimizar la gestión de reuniones difíciles, o la gestión del enfado de clientes y equipos (o del propio), para optimizar las interacciones del equipo de soporte con los clientes, generando mayor satisfacción de ambos, o para convertir la queja de un cliente frustrado en confianza y mejor ajuste de sus expectativas hacia nosotros y la empresa.

 

Todo esto, hoy en día, no tiene precio, porque crea mejores experiencias de cliente (interno y externo) que llevan a un win-win multiplicador de resultados para todos.

 

¿Y a ti, te gustaría conocer mejor tu propio sistema operativo biológico?

 

Puedes ampliar información sobre este enfoque tocando aquí.

 

Imagen cabecera: Adobe Stock.

 

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Juan Pedro Sánchez es Miembro de

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