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No nos engañemos.

 

Existen muchas empresas de todos los tamaños que, a pesar de erosionar, desgastar e incluso quemar mental y emocionalmente (muchas de forma inconsciente) a sus colaboradores, siguen vendiendo, facturando, cobrando y, por tanto, perdurando en el tiempo.

 

Y aquí surge una reflexión que se hacen muchos pequeños, medianos y grandes empresarios.

 

Si yo soy uno de esos empresarios o directivos a los que le va más o menos bien, económicamente hablando, ¿por qué debería cambiar mi cultura y valores respecto a la forma de gestionar personas?

 

Porque tampoco es que las "maltrate". En realidad, no hay mal clima de trabajo en mi empresa. Solo hay momentos "difíciles" en los que perdemos los nervios, como en cualquier otra empresa. Nada más. "En todas partes cuecen habas".

 

¿Por qué..., esto de la inteligencia emocional o la felicidad, qué es?

 

¿Una moda que vende "bienestar enlatado" y maquillado con promesas de interesantes mejoras en los beneficios económicos a medio y largo plazo? Yo tengo que pagar las nóminas todos los meses.

 

En cualquier caso, desarrollar nuevas habilidades directivas supone introducir cambios a algo que ya tengo establecido y que me está funcionando (con algunos problemas, pero funcionando).

 

Insisto, ¿por qué debería cambiar nada en cuestión de personas? Si ya me va bien.

 

Y no me digas que pregunte a mi plantilla o haga una evaluación de clima, porque la gente siempre se va a quejar. Siempre quiere más. Eso es normal en el ser humano.

 

Por mucho que digas tú o gente como tú (psicólogos de empresa y consultores), el ámbito laboral es un entorno hostil en el que hay que competir ferozmente cada día para ganar y que no te quiten "la merienda".

 

Y eso requiere mucha presión, rapidez, dinamismo, flexibilidad y trabajar mucho y duro. No hay tiempo para preguntar a la gente qué le duele o qué necesita.

 

Yo mismo duermo fatal, pero... ¡me tomo un diazepam y arreglado!

 

Esta podría ser una reflexión-respuesta de cualquier directivo o empresario español.

 

Mi reflexión tratando de responder como psicólogo de empresa, sería algo así:

 

Comprendo perfectamente lo que dices, entre otras cosas porque yo también he sido directivo y empresario de pymes.

 

Sé que el día a día es frenético con mucha frecuencia y que el dinero es la principal preocupación de la empresa (y lo que quita el sueño más a menudo) porque es la sangre que mantiene viva la organización.

 

También sé lo que es vivir con estrés de día y ansiedad de noche. Incluso sé lo que es entrar por la puerta de urgencias de un hospital con un ataque de ansiedad, creyendo que era un infarto de miocardio.

 

Y también sé que el ser humano tiene una capacidad de adaptación brutal, llegando a trabajar en entornos poco favorables para su salud a medio y largo plazo, con tal de poder sobrevivir a corto plazo.

 

Por esta razón podemos llegar a vivir pensando que nuestros colaboradores están encantados de venir a trabajar con nosotros (porque le pagamos), y sin embargo estar muy poco alineados y comprometidos con nuestra cultura y valores porque se sienten "amenazados" a diario.

 

Si el dinero es la sangre para la empresa, las personas son las arterias que permiten que esa sangre circule.

 

Pero si miramos desde un punto de vista más aséptico, o pragmático, el objetivo de la mejora en la gestión de personas no sería diferente que las mejoras que puedas introducir en materia de tecnología, por ejemplo.

 

¿Por qué, o para qué, ibas a invertir en un sistema de gestión tipo CRM, Business Intelligence o ERP , si te has apañado todos estos años con un Excel?

 

Eso requiere introducir cambios, aprender nuevas habilidades. Y eso lleva tiempo. Algo que no tienes porque el día a día se te come.

 

De hecho, a estas herramientas no le vas a sacar partido ni a un 10% de sus posibilidades, pero aun así no hablas de gasto, sino de inversión.

 

¿Por qué o para qué ibas a invertir en nuevos procesos o metodologías productivas, si ya te va bien con tu forma de hacer las cosas como siempre?

 

Eso requiere introducir cambios, aprender nuevas habilidades. Y eso lleva tiempo. Algo que no tienes porque el día a día se te come, tú mismo lo has dicho al principio.

 

¿Por qué o para qué ibas a invertir en la transformación digital de tu empresa o proyecto, si ya te va bien haciendo las cosas como toda la vida?

 

Eso requiere introducir cambios, aprender nuevas habilidades. Y eso lleva tiempo. Algo que no tienes porque el día a día se te come, ya sabes.

 

Pero hay un peligro que acecha en silencio; puede que ahora te vaya bien pero si no introduces mejoras en tu empresa, poco a poco se irá quedando desfasada, obsoleta, petrificada o fosilizada.

 

¡Vamos, lo que se dice fuera de mercado!

 

Le puede pasar a cualquiera, porque cuando uno está "cómodo" en su "zona de control" de jornada laboral en jornada laboral, no se entera que puede estar cerca del síndrome de la rana hervida.

 

El motivo o motivos que subyacen a un cambio de gestión de personas es todavía más potente, porque para hacer cualquier mejora en tu empresa, necesitas que las personas hagan esfuerzos adicionales.

 

Y seguro que te gustaría que cuando un día necesites que tu equipo reme a doble o triple de velocidad, o intensidad, no tengas ni que pedirlo, porque el compromiso de tu equipo fuera de tanta calidad que te hiciesen volar.

 

Precisamente, eso es lo que buscamos desde la psicología de empresa cuando hablamos de bienestar psicológico y emocional; que las personas estén en buenas condiciones físicas, mentales y emocionales para dar lo mejor de sí.

 

Pero además, en lo que se refiere a un liderazgo de calidad, tenemos un componente no solo pragmático o estrictamente instrumental, sino también ético y social.

 

Una empresa tiene una responsabilidad social con su entorno inmediato. Y éste abarca también a las personas que emplea.

 

Personas y máquinas son diferentes, por lo que requieren tratos diferentes. Curiosamente, a menudo, cuidamos mejor a máquinas que a personas, con la falacia mental de que las máquinas son más valiosas.

 

Sin embargo, una inversión en prácticas saludables tanto a nivel de empresa como a nivel de tarea, cultura y estilos de liderazgo es una inversión muy rentable además de necesaria, ética y socialmente, lo mires por donde lo mires.

 

Que el día a día se nos coma es síntoma, precisamente, de que necesitamos parar y reflexionar sobre dónde invertir en mejoras evolutivas o adaptativas para que tecnología y personas establezcan sinergias que nos permitan crecer a través de decisiones inteligentemente masticadas, sin que se nos haga "bola".

 

Seguir sin parar, con el acelerador pisado, sería como no parar a repostar gasolina porque tenemos tantos kilómetros que realizar, que no tenemos tiempo de "entretenernos".

 

La falta de comunicación, los comentarios de pasillo o de máquina de café, la baja productividad, el absentismo, el bajo compromiso o la rotación del talento es la luz roja que se enciende en el tablero de mandos de tu empresa para avisar que debes parar repostar y/o hacer mantenimiento si no quieres sufrir males mayores.

 

En tu mano está la decisión de hacer esa pausa y reflexionar sobre cómo mejorar tu estilo de conducción para que sea más rentable, o seguir haciéndolo de la misma forma, apurando motor, neumáticos o hasta la última gota de gasolina.

 

Si rompes o te sales, luego no eches la culpa al equipo. Sé humilde, asume tu cuota de responsabilidad para que no vuelva a suceder y vuelve a la carretera.

 

¿Y tú, sigues gestionando personas como siempre porque te va "bien"?

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