¡Un desfibrilador de miedos para mi empresa!

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Juan Pedro Sánchez es una Marca que forma parte de AMCES (asociación española de mentoring) y EMCC (asociación europea de mentoring y coaching). 

 

Es muy habitual reprimir, esconder o tratar de inhibir las emociones. Sobre todo porque no nos han enseñado a usarlas, expresarlas o gestionarlas, y mucho menos de forma inteligente.

 

No te digo nada ya cuando hablamos de emociones en el ámbito laboral.

  

¡Cómo disfrazamos las emociones en la empresa!, ¿verdad?

 

Especialmente encontramos muchos disfraces para el miedo: soberbia, agresividad, servilismo, culpabilización, autoritarismo, etc. 

 

Parece ser que las emociones primigenias* son el miedo junto al placer, y surgen como respuestas adaptativas básicas dirigidas a proteger y promover la vida, respectivamente.

 

Del miedo derivan las emociones desagradables (tristeza, enfado, asco, ansiedad, vergüenza, culpa, celos, odio, etc.) y del placer derivan las emociones agradables (amor, alegría, tranquilidad, confianza, esperanza, euforia, etc.).

 

Y aunque estás últimas son las que tratamos de promover desde la psicología organizacional positiva, como finalidad última y no solo como mero instrumento de productividad, en muchas organizaciones priman las emociones derivadas del miedo.

 

Y no quiero decir que no deban existir las emociones desagradables, ya que son muy necesarias y positivas cuando se saben gestionar de forma inteligente.

 

Lo que no es tan saludable es quedarse instalados en ellas per secula seculorum (al igual que quedarse instalados en las emociones agradables de forma perenne).

 

¿Por qué siguen predominando las emociones derivadas del miedo en las organizaciones?

 

1) Por ignorancia 

2) Por hábito, inercia o creencia.

3) Porque asociamos trabajo con "sufrimiento".

 

1) Por desconocimiento del poder de las emociones derivadas del placer, positivas o agradables en la nueva era organizacional.

 

Cuando descubrimos, gracias a la ciencia y la experiencia de otras empresas, que usar estrategias basada en potenciar las emociones agradables es muchísimo más eficaz, podemos iniciar un proceso de transformación cultural que terminará en un suculento ROI.

 

Ahora bien, hay que saber desplegar esta cultura basada en emociones agradables. No se puede hacer de cualquier manera, pues de otro modo ocurriría precisamente lo que más se teme: que sea un nuevo caos.

 

2) Por hábito, inercia o creencia. Porque así se han hecho las cosas siempre y nadie, especialmente el equipo directivo, se ha planteado cambiarlo.

 

Arrastramos prejuicios o creencias por doquier, como que...:

 

  • El que contrata es superior al contratado.
  • El empleado es perezoso y hay que vigilarlo de cerca.
  • No te puedes fiar de casi nadie.
  • Si no pasa todo por uno/a mismo/a las cosas no salen bien.
  • El empresario es un explotador.
  • La empresa tiene que pagar lo menos que pueda.
  • El trabajador tiene que hacer lo mínimo para que no le echen, aunque pueda hacer más, no sea que se cargue con el trabajo de otros.
  • No me esfuerzo más porque, total, ¡para lo que me pagan!
  • No propongo incrementos de sueldo porque, total, ¡para lo que hacen!.

 

Si te fijas bien, todos estos esquemas mentales, formas de ver o paradigmas son mecanismos de derivados del miedo tratando de "protegernos".

 

3) Asociamos trabajo con sufrimiento quizá porque el término "trabajo" deriva del latín "tripalium" que significa "3 palos".

 

Parece ser que aunque era un instrumento para sujetar bueyes o caballos para poder herrarlos, en la edad media también se usaba como instrumento de tortura para castigar a los esclavos.

 

Y es que tenemos 5 miedos básicos que disfrazamos de muchas maneras en la empresa y en la vida personal:

 

  1. Miedo a perder, a no lograr, a equivocarnos o no ser los mejores.
  2. Miedo a que nos señalen o nos critiquen.
  3. Miedo a que nos rechacen o nos excluyan.
  4. Miedo a comprometernos por si no sabemos salir o que abusen de nuestra amabilidad.
  5. Miedo a que nos ignoren, a que no cuenten con nosotros.

 

Como bien sabemos, el miedo lleva a conductas de protección y defensa como las que hemos visto más arriba.

 

Aunque seguro que tú has experimentado muchas otras conductas derivadas del miedo, seas directivo, empresario, emprendedor, empleado o colaborador.

 

Todo ello nos lleva, a menudo, a "infhartarnos" de tanto miedo.

 

Necesitamos urgentemente un "desfibrilador de miedos" porque tenemos en la empresa una epidemia de "infhartos de miedocardio" y necesitamos soltar tanto atenazamiento porque nos deja bloqueados (de bloques rígidos).

 

Así lograríamos hacer fluir a la organización en su conjunto, permitiendo que aflorase la confianza, la colaboración, la coherencia y el compromiso, entre otros intangibles tan valiosos hoy en día.

 

Pero mientras nos llega este desfibrilador de miedos lo que te propongo ir haciendo es remangarnos y ponernos a trabajar juntos en un proceso de implementación de la inteligencia emocional a nivel individual, grupal y organizacional.

 

Inteligencia emocional como habilidad que permite desarrollar competencias socio-emocionales de altísimo valor añadido para las personas y la empresa en su conjunto.

 

Este proceso empieza por la autoconsciencia de los propios miedos y el autoconocimiento de las creencias que los apuntalan.

 

Para conseguirlo, y que cale a toda la empresa, el jefe, gerente, directivo, CEO, o máximo ejecutivo tiene que empezar por dar ejemplo.

 

Ello es imprescindible para poder dar el primer paso y poder avanzar en la puesta en práctica de fortalezas como la humildad y la curiosidad por aprender cosas nuevas.

 

Es decir, abrirse a otros formatos de relaciones profesionales diferentes al que estamos "apegados" durante décadas, preguntándose a menudo:

 

 ¿Qué otras emociones serían más eficaces y saludables a la hora de dirigir personas?

 

Porque "el apego del ego" a formas de hacer rígidas, cuajadas o petrificadas con el paso del tiempo suele producir agobios o malestares innecesarios, y muy ruinosos a medio o largo plazo (rotación, fuga de talento, accidentes, baja productividad...).

 

Si damos este paso seremos capaces de "ver" otro tipo de prácticas de gestión más saludables que fomentan emociones derivadas del placer, que dan paso a mayor creatividad, colaboración, ayuda e implicación en los objetivos comunes.

 

Por supuesto seguiremos enfadándonos, entristeciéndonos o sintiendo miedo, pero solo puntualmente y de forma inteligente o saludable. No nos instalaremos en estas emociones cada vez que entremos por la puerta de la empresa.

 

Poco a poco conseguiremos que el miedo deje paso a la confianza, el compromiso, el entusiasmo, el vigor, la dedicación y... ¡¡los resultados excelentes!!

 

¿Y tú, también necesitas un "desfibrilador" de miedos para tu empresa?

 

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